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El enamorado perpetuo


Hace ya tiempo que os amo, señora,
y aún me hallo bajo el mágico efecto
que ejercieron sobre mí
vuestros ojos hechiceros;
pues cada mañana, al despertar,
vuelvo a contemplarlos de nuevo
y el hechizo se reafirma
tornándose imperecedero.

Presumo vuestros labios, señora,
emponzoñados de un fatal veneno:
el irresistible deseo
que me encadena a vos
con eslabones de hierro.
Víctima soy de una tórrida fiebre
que pone a cocer mis carnes
cuando pienso en vuestro cuerpo,
que hace hervir mi sangre
al recordar vuestros mimos,
que funde todo mi ser
al evocar vuestros hábiles dedos.

Me creo, de este modo, esclavizado,
a vuestra entera merced
y por completo indefenso.

Mas… posáis vuestras manos en mí
y todo son caricias, amor y bondad
para vuestro desvalido reo;
con ellas me desencadenáis
y me dais la libertad para marchar;

mas… ¡no quiero!,
pues soy adicto a vuestros besos
y dependo ya, para vivir,
de vuestro cálido aliento.

Volveré


Volveré a ser feliz
no importa cuántas veces
rechacen mis regalos.

Volveré a vivir
no importa cuántas veces
me tengan que matar.

Volveré a ser yo
no importa cuántas veces
me digan que soy humano.

Volveré a la luz
no importa cuántas veces
caiga en la oscuridad.

Volveré al amor
no importa cuántas veces
mis ojos se ahoguen en llanto.

Volveré a soñar
no importa cuántas veces
me tope con la realidad.

Volveré a la calma
no importa cuántas veces
me seduzca el arrebato.

Volveré a equivocarme
no importa cuántas veces
me tenga que excusar.

Volveré a sentir
no importa cuántas veces
me puedan hacer daño.

Volveré a ser bueno
no importa cuántas veces
me tiente la maldad.

Volveré a vencer
no importa cuantas veces
deguste el sabor del fracaso.

Volveré, lo juro,
no importa cuántas veces
parezca haberme olvidado.

Despertar


Al alba
se levantan tus divinos párpados
y dos hermosos soles verdes
iluminan mis facciones humanas.
Su belleza me deslumbra y me extasia
mientras percibo el calor de la mañana
que depositas sobre
mis aún frescos labios;
tu cálido aliento vital pone
mi corazón en marcha.

He vuelto a la vida
después de un profundo sueño,
acunado por la calma y los arrullos
de tu respiración y tus latidos,
y he descubierto, junto a mi costado,
toda la belleza disponible en el Universo
concentrada en tu dulce rostro
y todo el amor universal
en tus manos y en tus labios.

Soy un hombre afortunado:
esta mañana al despertar
tú estabas justo a mi lado
habiendo mil lugares donde estar.

Húmedo amor


La lluvia pertinaz picotea los charcos,
lame las heridas de la tierra devastada,
besa los embriones sembrados en los campos,
restaura la viveza a la campiña empolvada
y saetea a los artistas con sus coloridos arcos.

De los surcos negros y mojados arranca,
con su mano llena de fértil bondad,
sus primeros hijos, que hacia el cenit se alzan
exigiendo a voces poderse amamantar
con la nueva luz del cielo que escampa.

Llorando están ya los recién nacidos;
frágiles, vulnerables y desamparados.
Crecerán envueltos en lindos vestidos,
mas no todos gozarán de longevas vidas:
algunos de ellos verán sus cuellos sesgados
y servirán de alimento a ricos y oprimidos;
otros, los más bellos, serán obsequiados
y sangrarán su fragancia mientras agonizan.

Inocentes criaturas de tierno verdor,
frutos de la lluvia y su húmedo amor.

Romancero gitano, me la coges con la mano


Amaba el gitano Antonio
a una hermosa gitana
que en las noches de verano
siempre dormía sin pijama.

Pedro Serrano, una noche,
corría por una vereda
montado sobre una moto
cuando se pinchó una rueda.

El camino estaba cerca
de unas cuantas cabañas.
Si no pedía pronto ayuda
sería pasto de alimañas.

Se acercó con gran cuidado
a una de las chabolas
y al mirar por la ventana
vio a la gitana en bolas.

Al ver a la tía en sombras
se quedó prendado el payo;
«pero vería mejor —dijo—
si me iluminara un rayo.»

La luna que oyó su ruego,
al sentir que la adoraba,
descubrió con luz su cuerpo
y al tío le cayó la baba.

Al disiparse lo oscuro
quedó visible su pecho
excitando a aquel mirón
que no era ningún estrecho.

Al ver brillar, por la luz,
aquel buen par de melones
la sangre hirvió en sus venas.
Se le hincharon los cojones.

Aquel miembro inflado estaba
a punto de reventar.
Para calmarlo debía
a la moza deshonrar,

pues en aquella chabola
cuarto de baño no había
para calmar sus ardores
dándose una ducha fría.

Si ésto el novio supiera
no lo tomaría a broma,
pero qué podía hacer él
viendo aquella tía jamona.

Sus partes nobles pedían
a rabiar aquella ofensa,
su picha iba a estallar
pues ya la tenía muy tensa.

«Que Dios me perdone —dijo,
entrando por la ventana.—»
Si se enteraba el gitano
lo pasaría mal mañana.

Pero ahora deseaba
pasarlo divinamente,
pues la tía creyó soñar
y le siguió la corriente.

Pedro Serrano pensaba
que era un hombre afortunado
mientras clavaba su hombría
en aquel coño mojado.

Disfrutaban del amor
envuelto el uno en el otro
y aquel payo ganador
se portaba como un potro.

Sus jadeos y suspiros
templaron el aire frío.
De pronto la pava dijo:
«¡Este hombre no es el mío!»

Pero al verse consciente
en aquella situación
sopesó las circunstancias
y cambió de opinión.

«Qué más da si pierdo el virgo
ante un hombre tan dotado.
Seguro que en este caso
lo que hago no es pecado.»

«Prosigue tu faena. —dijo—
Clávame otra vez tu estaca.»
Y se pasaron la noche,
saca y mete, mete y saca.

Después de tanta movida,
Pedro sintió un espasmo;
ya le faltaba muy poco
para llegar al orgasmo.

Estaba pensando entonces:
«¡Ésta es mejor que Merche!»,
cuando oyó una voz de hombre
y se le cortó la leche.

Era Antonio que había ido
a ver a su nena hermosa,
que con aquellas dos tetas,
podía pasar cualquier cosa.

«¿Qué estás haciendo, cerdo?
—dijo abriendo una navaja—
Te voy a cortar la picha
en un montón de rodajas.»

«Me está haciendo una mujer.
—dijo ella interviniendo—
Él es más hombre que tú.
Ya puedes salir corriendo.»

«¿Qué está diciendo esta tía?
—pensó Pedro para sí—
Esto se pone muy feo,
sobre todo para mí.»

Antonio ya estaba ciego
y acercándose a su amada,
en un ataque de celos,
le pegó diez puñaladas.

Pedro, al ver correr la sangre,
se tomó un vaso de vino
y, al encontrarse mejor,
le reprochó al asesino:

«¿Pero qué has hecho, cabrón?
Ahora no podré acabar.
Para bajar la hinchazón
me la tendré que cascar.»

Y agarrando una escopeta,
que había sobre la mesa,
le pegó un tiro en el vientre
y brotó la sangre espesa.

El disparo resonó
como el cañón de un soldado.
La gente se despertó
preguntando: «¿Qué ha pasado?»

Pedro escapó corriendo
cual relámpago en la noche.
Huyó hacia la carretera
para parar algún coche.

Oyó que alguien gritaba:
«Alto a la guardia civil»;
pero él seguía corriendo
para alejarse de allí.

«Alto te digo, imbécil.
—gritaba un guardia con barbas—
O te paras ahora mismo,
o te pongo a criar malvas.»

«Ahora verás —dijo el guardia
viendo su gran morcillón—
Si le doy donde yo quiero
crearé el tiro al pichón.»

Se oyó de nuevo un disparo.
Una bala cortó el viento.
Le atravesó el corazón.
Sólo sufrió un momento.

Y la luna avergonzada
al ver herido su pecho
lloraba desconsolada:
«¡Dios mío, pero qué he hecho!»

Las lágrimas derramadas,
se convirtieron en perlas
y si miras hacia el cielo
todavía podrás verlas.

Man zana in córpore zano

He decidido crear este nuevo blog, añadido a mi página principal en la pestaña Paridash, para plasmar mis nuevas paridas "literarias" que complementarán mis dos antiguos libros, ahora reeditados en formato electrónico y que podéis descargar aquí para torturar regalar a quien odiéis queráis.

Desde ahora, cualquier idea que penetre en mi mente, tras la oportuna gestación, podréis verla parida aquí... a menos que vaya a salir un engendro excesivamente horroroso y decida abortar.

Para iniciar esta nueva andadura, he elegido una poesía, concebida varios meses atrás. Más bien es una sucesión de pareados. Está dedicada a una querida, aunque reciente, amiga. Espero que ella no se ofenda por esta publicación sorpresa pero, si así fuera, sé que algún día me perdonará; tiene para ello toda la vida por delante y un culo precioso por detrás. Diré también, como descargo, que no anhelo molestarla pues la amo con todo mi corazón y, si ella se dejara, estaría dispuesto a amarla con algún otro órgano. Quizá, esto último podría decírselo a cualquier mujer que no fume y, a ser posible, que no beba café pero mejor será que me muerda la lengua. ¡Aaauu! Ezpedo que dizfdutéiz de la ledtuda.


Man zana in córpore zano

La doctora Calderón
no aconseja el salchichón
porque dice que es mal vicio
comer morcilla y "choricio".

No recomienda el fiambre
por mucho que pases hambre.
En su lugar aconseja
comer arroz y lenteja,
gran variedad de verdura
y mucha fruta madura.

Decía una de mis tías
que de lo que comes crías.
Así que evita lo muerto
y come lo que te da el huerto.


Dedicado cariñosamente a:

IMPORTANTE ACTUALIZACIÓN: Por consejo editorial, para evitar problemas legales, los nombres propios han sido cambiados (y, ya puestos, los ajenos también). Cualquier parecido con la realidad es pura barbaridad.



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